jueves, 22 de enero de 2009

El colectivo

Me subí a ese colectivo. No era un viaje largo. Duraría una hora y media. Tenía la butaca 23. Mi hermana viajaba conmigo. Ella tenía la butaca 17. El señor que iba a mi lado no quiso cambiar el asiento. Me asuste. Viajamos separadas. Una hora y media. A 25 kilómetros empieza a subir mucha gente. 25 personas paradas. Hacían barullo. El colectivo iba muy rápido. Sonaba la alarma de límite de velocidad. Parado iba un chico. Estaba muy nervioso. Se mordía las uñas desesperadamente. Me puse nerviosa. El señor que iba a mi lado se durmió. Yo miraba para afuera. Era de noche. En el vidrio se reflejaba el colectivo por dentro. Me veía yo. También veía un poco lo que pasaba afuera. Se escuchaban voces por todos lados. No veía quien hablaba. No quise mirar para atrás. Después de 80 kilómetros el señor se bajó. A mi lado se sentaron dos chicas. Pusieron cumbia a todo volumen. Me puse más nerviosa. Mi teléfono sonaba. No podía hablar. Tengo que comprar un teléfono nuevo. Cuando llegamos a destino toda la gente se paró para bajar. Tuve que esperar mi turno. Mi hermana bajo primero que yo. Cuando me paré me encontré con un amigo. Nos saludamos. Me dispuse para bajar. Salí del colectivo. Estaba mi hermana esperando. Me puse la mochila. Juntas fuimos por un taxi. Hicimos la fila para esperar nuestro turno. A Las Heras y Chile dijo ella. Son $6,40 dijo él. Entramos las dos. Fui a mi pieza. Deje los bolsos. Me dispuse a ordenar para empezar la semana. Me acosté tarde. El colectivo siguió su rumbo. Yo, el mío.-

El colectivo es como mi historia. Por eso la escribo. El colectivo es parte de mí. Una alegoría. Mi interior y mi exterior. La calle por donde transito. La velocidad alta. Los avisos de límite. La butaca 23. Desde la secundaria el 23 es mi número. Las voces que escucho y no veo. Los nervios que se comen las uñas. La vida que pasa. Todas las cosas que no veo. El inconsciente que habla en silencio. Los gritos y las risas. La parte que duerme. A la que le tengo miedo. Las que no veía hace mucho tiempo y vuelvo a saludar. Esperar el tiempo necesario para bajar. Cambios de pasajeros. Caras desconocidas. Mi cara en el vidrio reflejada en el exterior. El exterior mezclado con el interior. Mi interior reflejado en el exterior. En mi exterior. El recuerdo. La nostalgia. El Amor. Músicas extrañas. La mochila bien pesada en la espalda. Esperar el turno. Subir a otro auto. Subir escaleras. Abrir y cerrar puertas. Ordenar las cosas para tener una semana tranquila. Mi camino. Tan duro. Tan fácil. Tan ancho. Tan angosto. Tan gracioso. Tan triste. Mi camino. Tan mío. Yo, colectivo.



La verdad… no se que pensar. Pasan tantas cosas en la vida que uno no las toma en serio. Son tantas las oportunidades que nos regala para darnos cuenta de las cosas que tenemos a nuestro lado.
La verdad… yo se que soy felliz asi como soy. Entre todas las cosas que vivo a diario me pasan cosas que, a veces no las puedo creer.
Pienso que mi vida es una novela. Imagino los párrafos. Las acotaciones. Los paréntesis. Las lineas de dialogo. Las descripciones. Y tambien las enseñanzas que yo misma me doy. Es como si fuera mi discipula. Es como si yo fuera la maestra de mi. Es increíble como me siento cuando escribo. Es hermoso.
Mi vida una novela. Pero no de ficcion. Eso no lo quiero. Hoy escribi esta historia. Antes escribia poesia. No quice abtraer la realidad. Hoy la quiero asi. Hoy me quiero asi. Real. “Objetiva”. Como historia. No poesia. Hoy me quiero entera.
Siempre quedan cosas sin escribir. Siempre. Pero eso no es porque no lo quiera hacer. Hace falta tiempo. Imaginación. Muchos conectores. No es que no lo tenga. Es que algunas de estas cosas se me han perdido. Por distraida. Porque soy distraida. Siempre lo fui. En epocas mas. En epocas menos. Pero siempre.
Soy yo conmigo. SOY YO. Yuyi. Maria Virginia Ruth Funes Gracia. Buyi. Yu. Negra. Virgi. Layu. La poeta. Angelita. Hermana. Prima. Hija. Amiga. Novia. Nieta. Vecina. Alumna. Creyente.
SOY YO.

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